Autoformación comunitaria: cómo fortalecer capacidades desde adentro para defender el territorio
Los procesos de defensa y protección ambiental involucran temas que van más allá de lo ambiental. Implica manejar aspectos legales, técnicos, comunicacionales, organizativos, políticos y comunitarios, entre otros.
Por ejemplo, una comunidad puede necesitar entender un Estudio de Impacto Ambiental, conocer sus derechos de participación, organizar vocerías, dialogar con autoridades o monitorear impactos en el territorio. Esa diversidad de dimensiones hace que la defensa ambiental sea compleja y requiera de un aprendizaje constante.
Para facilitar los procesos de autoformación, en esta entrada te contamos:
- Qué es la autoformación comunitaria y por qué fortalece la autonomía.
- Qué beneficios aporta a los procesos de defensa territorial.
- Qué desafíos puede enfrentar.
- Un paso a paso práctico para organizar un ciclo de autoformación.
¿Qué es la autoformación comunitaria?
La autoformación comunitaria es el proceso mediante el cual una organización o comunidad fortalece sus conocimientos y capacidades desde adentro, aprovechando tanto saberes previos de sus integrantes como nuevas herramientas incorporadas durante sus actividades.
La autoformación puede desarrollarse a través de distintos momentos y espacios dentro del trabajo organizativo. A veces se organiza de manera planificada, mediante talleres, seminarios o cursos internos gestionados por la propia organización o en colaboración con otras entidades. En otras ocasiones, el aprendizaje ocurre de forma continua en la práctica cotidiana, al enfrentar desafíos concretos, intercambiar experiencias y reflexionar colectivamente sobre lo realizado. En todos los casos, lo central es que el conocimiento no queda sólo en asesorías externas, sino que es comprendido, apropiado y compartido dentro del grupo.
Aprender haciendo: formación en la práctica
En muchos procesos de defensa territorial, parte importante del aprendizaje ocurre en la propia práctica organizativa. Cuando los grupos se dan espacios para reflexionar sobre lo que hacen, la experiencia cotidiana se transforma en conocimiento útil para el futuro.
Por ejemplo:
- Preparar y presentar una observación ciudadana, revisando colectivamente sus contenidos antes y después de ingresarla.
- Participar en una reunión con autoridades y luego analizar los argumentos utilizados y las respuestas obtenidas.
- Realizar monitoreo comunitario y discutir periódicamente los hallazgos y sus implicancias.
- Registrar y sistematizar lo aprendido, por ejemplo tomando apuntes, guardando acuerdos o elaborando breves documentos internos que permitan conservar aprendizajes, compartirlos con nuevas personas y evitar repetir errores.
De esta manera, acción y reflexión se retroalimentan, fortaleciendo las capacidades colectivas y mejorando las decisiones futuras.
¿Qué beneficios aporta la autoformación?
La autoformación puede:
- Fortalecer la autonomía de la organización, permitiendo que el conocimiento se genere, circule y permanezca dentro del grupo, reduciendo dependencias externas.
- Aumentar la cohesión interna, generando espacios de encuentro y aprendizaje entre sus integrantes.
- Mejorar la toma de decisiones colectivas, al contar con más información y herramientas compartidas.
- Favorecer una participación más informada en espacios institucionales.
- Desarrollar capacidades técnicas para monitorear, fiscalizar, denunciar o proponer alternativas.
- Fortalecer la resiliencia organizativa frente a errores, retrocesos o momentos de desgaste.
¿Qué desafíos podemos enfrentar en la autoformación?
Los procesos de autoformación también pueden enfrentar dificultades, especialmente cuando se intenta sostener instancias formativas de manera más organizada o periódica. Entre los desafíos que suelen aparecer se encuentran, por ejemplo:
- La presión por reaccionar rápidamente frente a impactos ambientales, lo que deja poco tiempo para planificar espacios de aprendizaje.
- Las barreras geográficas o el aislamiento de algunos territorios, que pueden dificultar los encuentros presenciales.
- La necesidad de sostener los procesos en el tiempo, lo que requiere voluntad colectiva, continuidad y recursos.
- Cambios en la composición o en la dinámica interna de la organización, que pueden interrumpir o debilitar los procesos formativos.
Por eso, es importante ajustar las expectativas y adaptar los procesos formativos a la realidad, tiempos y capacidades de cada organización. Y recordar siempre que el aprendizaje también puede darse en la práctica cotidiana, a través del “aprender haciendo”.
¿Cómo podemos organizar un ciclo de autoformación?
A continuación, te proponemos un paso a paso para diseñar un ciclo de autoformación, basado en experiencias de organizaciones y comunidades locales.
- Diagnóstico inicial
- ¿Qué saben ya las personas de la organización?
- ¿Qué temas necesitan conocer mejor?
- ¿Qué capacidades ya existen que se pueden aprovechar?
- Planificación del ciclo de formación
- Definir temas: En función de lo que ya se sabe y las necesidades identificadas, se debe definir qué temas serán abordados (por ejemplo: derechos ambientales, marcos legales, comunicación, monitoreo, cuidado).
- Elegir fechas y frecuencia (mensual / cada dos meses / trimestral / semestral).
- Definir quiénes participarán y sus roles, de acuerdo a las capacidades identificadas.
- Diseño metodológico
- Incorporar dinámicas participativas: trabajos en grupo, estudio de casos, juego de roles, salida de campo, en función del objetivo propuesto para cada capacitación.
- Adaptar al contexto local, adecuando el lenguaje, horarios, lugares, posibilidades de traslado y otras, para que tenga pertinencia territorial.
- Equilibrar teoría y práctica: combinar conceptos con acción concreta.
- Evaluación y ajuste
- Al final de cada módulo o taller, se sugiere recoger opiniones de las y los participantes: qué aprendieron, qué más necesitan, qué funcionó y qué se puede mejorar, entre otras.
- Ajustar los próximos talleres según esos aprendizajes.
- Recomendaciones:
- Designar a una persona o equipo responsable de coordinar el proceso.
- No generar una planificación ambiciosa: debemos considerar que las personas que asisten probablemente realizan esto en su tiempo libre.
- Registrar lo aprendido: apuntes, fotos, audios, videos, recopilaciones.
- Compartir internamente para que quienes no pudieron asistir estén informados.
- Si se puede, abrir algunos talleres a otras comunidades para transferencia de saberes.
La autoformación comunitaria es una herramienta clave para sostener procesos de defensa territorial en el tiempo. No sólo entrega conocimientos técnicos, sino que fortalece la autonomía, la cohesión interna y la capacidad de adaptación frente a escenarios cambiantes. Apostar por el aprendizaje colectivo es apostar por la sostenibilidad de la defensa ambiental.